viernes, 19 de junio de 2015

NORMA OBLIGADA: USAR EL CARRIL DE SENTIDO CONTRARIO EN LA VIDA

Siempre nos han enseñado que "lo correcto" es seguir unas normas de sociedad establecidas. Partiendo de la base que hay que saber la diferencia entre educación y conducta, ¿quién es el que dictamina donde está el límite de lo incorrecto?
Parece que siempre hay que estar pensando en lo que dirán los demás ¡y así nos va!. Dentro de poco la primera letra del abecedario que aprenderemos no será la A sino la BEEEEEEE, como las ovejas...

Gracias a no seguir esas "correctas" normas, hace unas semanas conocí a una persona muy especial en el centro de Alicante. Un sillón elitista en mitad de un callejón me incitó a sentarme y ver como los demás se movían con el día mientras yo en ese momento, me movía con la rebeldía de hacer las cosas del revés.
Apareció un chico y sorprendido por verme allí me dijo por detrás: "¿no te da miedo que piensen que estás loca por estar aquí sentada?. Yo le contesté: " Eso sólo lo pensaría una persona vulgar y sinceramente, ese tipo de personas me resbalan".


En "El Salón de Martín"


Creo que esa contestación le gustó porque sonrió y se sentó a mi lado. Él era el "creador" de ese salón callejero pero no era un mendigo sino que se mantenía con el dinero ahorrado cuando estaba en el rutinario mercado laboral.

La conversación fluyó y poco a poco me fue contando como había llegado hasta allí.

Martín es un ingeniero de telecomunicaciones que vive en la calle. Parece increíble que un tipo con una carrera no tenga un techo donde poder refugiarse, pero para él es más importante "pisar suelo que mirar techo", porque eso significa que estás andando por la vida y a ésta como buena espectadora, le estás brindando una buena actuación. 

El dinero es el centro de la ruleta donde muchos quieren clavar el dardo. No se dan cuenta que sólo por conseguir esa meta están descuidando muchas cosas que son gratuitas y realmente necesarias para crecer como personas como por ejemplo una buena conversación con los amigos, ver amanecer desde un rincón secreto, contar sueños cumplidos bajo las estrellas o incluso llorar de emoción con una canción. El maldito dinero se ha encargado de tener secuestrado al tiempo y no poder valorar esas pequeñas cosas y sí por el contrario creer que se es más feliz por poder comprar y comprar y comprar...


Martín es demasiado independiente para que un trabajo de 8h (como poco) le hipoteque su presente, es extremadamente cauteloso para que una tía cualquiera le robara su libertad y es demasiado inteligente para ser sumiso y trabajador de los sueños de los demás... En resumen no consiguió el carnet de "apto" para adaptarse a la maldita y acomplejada sociedad en la que vivimos en este país. 

Él decidió girar el volante que conduce su vida y posicionarse en sentido contrario. Perdió su empleo, su novia y parte de su familia y todo por seguir el sueño de querer tener una sonrisa permanente en su cara. Al principio fue duro, la soledad le rasgó el corazón de tal manera que a día de hoy las cicatrices le abrazan cada noche. Las personas que te quieren de verdad deben aceptarte como eres y Martín es un poeta callejero, que con sus sueños arropa los tuyos y te invita a luchar por conseguirlos. 

Me dijo que en las dos semanas que llevaba viviendo en las calles alicantinas, nadie se había acercado a hablar con él. En la ciudad parece que vamos aislados y nadie se fija en nosotros, excepto cuando eres el clavo que sobresale y por consiguiente te van a intentar dar el martillazo...

Llegó un papel volando a nuestros pies y Martín lo agarró. Me hizo una pregunta: ¿eres feliz? En seguida le dije ¡si claro! Y me dijo ¿Seguro? A lo que el ascensor de los problemas y los sentimientos cayó empicado encima mía y le dije que estaba en un estado de vuelo continuo y no sabía muy bien donde aterrizar porque tenía la brújula desorientada. 
Me dio muy buenos consejos y me dijo una frase preciosa: "La vida nos da la oportunidad de vivirla,y ¿qué hacemos nosotros? Damos un paso atrás y le tomamos una foto...

En el momento de despedirme sacó un boli de su bolsillo y empezó a escribir algo con la mirada ausente en ese papel volador que llegó a nosotros. Me lo entregó y me dió un abrazo infinito con un "gracias por todo" con voz entrecortada. Éste fue el escrito:
"Si esa brújula está desorientada, échale valor y arréglala. Ponle pies a tus sentimientos y déjalos andar. Allí donde ellos se paren es hacia donde debes dirigirte" (Arte callejero sin lugar a dudas....)

Al leer la nota no pude evitar emocionarme. La vida me volvió a demostrar que un tipo desconocido que no hace cosas usuales tiene mil valores más que muchos de aquellos que visten de moda y llevan un tupé que sirve de almohada para sus pocas neuronas. 


Le acabo de poner pies a mis sentimientos así que emprendo el camino siguiéndolos a ver donde encuentran destino...

Gracias Martín por esa tarde callejera de sábado, por tratarme con ese cariño y por enfundarme en ese abrazo que reconstruyó en un instante todos los pedazos que minutos antes se me habían caído.

¡Es obligatorio usar el sentido contrario!



                                                                                                           ELOÍSA TROMPETA