Ayer estuve entrevistando a un grupo de música y entramos en un debate de forma involuntaria sobre la forma de ganar dinero gracias precisamente a la música.
Les conté que yo había rechazado algunos trabajos que debería haber cogido porque el tren iba cargado de dinero, pero por más que miraba, en ninguno de los vagones veía los sacos de humanidad ni humildad, así que decidí seguir como hasta ahora.
Uno de ellos me dijo ¿Qué precio le pondrías a tu rechazo?
Me quedé callada y con una sonrisa picaresca le dije: “hay ciertas cosas (al igual que personas) que tienen valor, otras tienen precio….
Entramos en un debate sobre el dinero y la forma de vida que llevamos los diferentes tipos de persona.
En la música hay mucha marioneta que se vende por popularidad y uno de ellos, el que toca la guitarra, es de los que lleva hilos que nacen de sus muñecas, movidos por todo lo que se puede llegar a cocer en los guisos de las urbes musicales…
Este chico empezó a despreciar todos los caminos que no llevaban al suyo, diciendo que los que tienen pocos bolos es porque no tienen calidad de músico o que son personas infelices….¡¡alucinante!!
Mientras afinaba la guitarra, tiró un cigarro al suelo y la anilla de un bote de cerveza que acababa de abrirse… Sólo le dije una cosa…quizá muchos no queramos llegar a tu camino porque tienes llenos de mierda todos los accesos... (lo dije por lo que acababa de tirar al suelo, pero también se la dejé caer por su soberbia). Conseguí el objetivo, se agachó a recogerlo y lo tiró a la papelera!
Se me vino a la mente en ese momento tantas cosas que podría haberle dicho que preferí no decirle nada más. ¡Qué sabrá ese tío de lo que es la llegada a una cima, un muflón, una noche estrellada, unas ampollas en los pies tras una ruta de 30km, de pegarle un abrazo a la naturaleza con tu propio esfuerzo, el sonido del agua de una fuente natural, de beberte unas cervezas con unos quitavientos y la luna llena de farol en pleno abril con la mejor de las compañías, de bañarte por la noche en una cala donde lo único que te rodea son las piedras, de perderse (a conciencia) por rutas mágicas de las montañas,...!
Es curioso....todas estas cosas no tienen precio tienen valor y sólo se pueden hacer si se dispone de una maraña de horas a la semana que se quieran invertir en hacer un poquito más bonito el presente.
Quizá y sólo quizá por eso jamás cogería un trabajo donde para ganar dinero tenga que aplastar como una apisonadora el trabajo de otros, como hacer críticas destructivas para que una revista tenga más lectores. ¡Ese no es el camino que quiero llevar!
Me quedo con los músicos de vocación, los que se tiran horas escribiendo canciones y que las han sufrido antes de hacerlas bailar con música.
Me quedo con todas esas personas que aun sabiendo que vivir es peligrosamente aburrido, tienen la cortesía de brindarse una buena historia a si mismos y cuando se baje el telón se queden todos los recuerdos con una sonrisa permanente.
ELOISA TROMPETA
Entramos en un debate sobre el dinero y la forma de vida que llevamos los diferentes tipos de persona.
En la música hay mucha marioneta que se vende por popularidad y uno de ellos, el que toca la guitarra, es de los que lleva hilos que nacen de sus muñecas, movidos por todo lo que se puede llegar a cocer en los guisos de las urbes musicales…
Este chico empezó a despreciar todos los caminos que no llevaban al suyo, diciendo que los que tienen pocos bolos es porque no tienen calidad de músico o que son personas infelices….¡¡alucinante!!
Mientras afinaba la guitarra, tiró un cigarro al suelo y la anilla de un bote de cerveza que acababa de abrirse… Sólo le dije una cosa…quizá muchos no queramos llegar a tu camino porque tienes llenos de mierda todos los accesos... (lo dije por lo que acababa de tirar al suelo, pero también se la dejé caer por su soberbia). Conseguí el objetivo, se agachó a recogerlo y lo tiró a la papelera!
Se me vino a la mente en ese momento tantas cosas que podría haberle dicho que preferí no decirle nada más. ¡Qué sabrá ese tío de lo que es la llegada a una cima, un muflón, una noche estrellada, unas ampollas en los pies tras una ruta de 30km, de pegarle un abrazo a la naturaleza con tu propio esfuerzo, el sonido del agua de una fuente natural, de beberte unas cervezas con unos quitavientos y la luna llena de farol en pleno abril con la mejor de las compañías, de bañarte por la noche en una cala donde lo único que te rodea son las piedras, de perderse (a conciencia) por rutas mágicas de las montañas,...!
Es curioso....todas estas cosas no tienen precio tienen valor y sólo se pueden hacer si se dispone de una maraña de horas a la semana que se quieran invertir en hacer un poquito más bonito el presente.
Quizá y sólo quizá por eso jamás cogería un trabajo donde para ganar dinero tenga que aplastar como una apisonadora el trabajo de otros, como hacer críticas destructivas para que una revista tenga más lectores. ¡Ese no es el camino que quiero llevar!
Me quedo con los músicos de vocación, los que se tiran horas escribiendo canciones y que las han sufrido antes de hacerlas bailar con música.
Me quedo con todas esas personas que aun sabiendo que vivir es peligrosamente aburrido, tienen la cortesía de brindarse una buena historia a si mismos y cuando se baje el telón se queden todos los recuerdos con una sonrisa permanente.
ELOISA TROMPETA