Todos disponemos de un mapa lleno de planes viajando por las carreteras de las cosas posibles pero casi siempre nos olvidamos de desplegarlo. Nos aferramos al arraigo de las ganas de reír pero el amanecer del lunes nos empapa de responsabilidad y seriedad. Intentamos limpiar el cofre donde guardamos el tesoro de tener amigos con los que compartir momentos, pero se nos olvida llamarles o decirles que les echamos de menos. Tenemos guardados cheques canjeables por comidas familiares con la mala suerte que sólo nos acordamos de sacarlos en Navidad...
Nos estamos olvidando de lo más bonito que tiene la vida y es la comunicación, la sencillez, la transparencia de los sentimientos y las ganas de hacer que la vida sea la mejor historia que nunca podríamos contar.
Las redes sociales se han convertido en uno de los alimentos necesarios de nuestro cerebro y depende de nosotros darle una buena alimentación. Podemos fortalecer a través de estos medios esos valores, que por desgracia, se están quedando cojos en las nuevas generaciones.
Bondad, confianza, humildad, sencillez, transparencia... Son valores que todos tenemos en nuestro interior porque nuestros padres se encargaron de pagar la cuota necesaria para su hospedaje pero que el contaminado presente en el que vivimos los está dejando con las suelas desgastadas.
Bondad, confianza, humildad, sencillez, transparencia... Son valores que todos tenemos en nuestro interior porque nuestros padres se encargaron de pagar la cuota necesaria para su hospedaje pero que el contaminado presente en el que vivimos los está dejando con las suelas desgastadas.
Por el contrario podemos nutrirnos de vídeos con poca cordura o publicidades engañosas que nos hacen malgastar el poco dinero que creemos ganar con el asesinato de nuestro tiempo.
Seamos sensatos, este mundo se está convirtiendo en una bola de papel con un único destino, viajar hasta la papelera más próxima para desaparecer.
Ojalá entre todos podamos conseguir que la humanidad haga empeño en dedicarse a hacer feliz a los demás y no a tirar del egocentrismo egoísta que se ve por las calles.
Disfrutemos del tiempo que tenemos porque nunca sabemos si será mucho o poco lo que nos queda para dejar de narrar nuestra mejor historia...
Eloísa Trompeta
