martes, 27 de febrero de 2018

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Cuando vemos una noticia alarmante, destructiva para el razonamiento o denigrante para el entendimiento nos preguntamos...¿Qué está pasando? La respuesta suele ser silencio, reflexión de un par de minutos y posiblemente una llamada de teléfono o una mirada al reloj te hará continuar con lo que estabas haciendo hasta ese momento.  
Así es como pasan los días, dejándonos llevar con la misma mecánica robótica aun siendo humanos...

¿Qué está pasando? 


Si le preguntas a una persona que tenga 60 o 70 años que es el bullying posiblemente dirán que no lo saben. Estamos tomando demasiadas palabras periféricas a nuestra lengua que nos hacen ser más modernos verbalmente pero más ingenuos en la practica. Pienso que no sirve de nada decir bullying o acoso escolar si no disponemos del tiempo suficiente para poder ayudar a combatirlo.


¿Qué está pasando? 


Eso es lo que está pasando....que no se dispone de tiempo para una buena conversación, un paseo de la mano con tu pareja, o una tarde de juegos con tu hijo y sus amigos. La vida laboral se ha fundido sin compasión todos los valores de la vida familiar y eso conlleva unas anomalías y carencias en la vida de los más pequeños. 


Nos hemos expuesto de tal manera a lo que opinen los demás de nosotros que si empiezas a correr (ahora hay que decir hacer running que si no te tachan de antiguo) y te vas en chandal y con la camiseta de algodón (100% por cierto) que te regalaron de publicidad, te van a catalogar como un novato probador de deportes. 

Hay que ir con las mejores y más bonitas mallas que se tengan y por supuesto técnicas para que la sudoración transpire por su tejido especial para running. Hay que llevar las zapatillas coloreadas y de gama alta para que la pisada sea mucho más aproximada a la perfección, y a ser posible cables y enredos por todos los lados del cuerpo donde la tecnología tatúa en cada poro....¡te tengo enganchado literal y metafóricamente hablando....!

Todo ese material hay que pagarlo, y para ello hay que encarcelar con horas extra, nuestra libertad...

Muchas veces no se está esclavizado al trabajo porque haya que pagar una hipoteca de piso o la factura de la luz y el agua, sino que hay que mantener todo ese consumismo que cuelga de nosotros cada vez que comenzamos a hacer un deporte o salimos a tomarnos una copa. 
Resultado? Poco tiempo para nuestros hijos y poco tiempo para poder contestar esa mísera pregunta que todos nos hacemos cuando vemos en el telediario una trágica noticia. 

¿Qué está pasando? Yo creo que no sabemos vivir sin la aceptación de los demás. Si aprendiéramos la lección de que la única aceptación nos la tenemos que dar nosotros mismos, sólo gastaríamos el dinero en cosas útiles y necesarias. No tendría sentido malgastar horas y horas de cada día que tenemos de vida en ganar tanto dinero y sí por el contrario en proteger y educar a nuestros hijos para que por ejemplo la palabra bullying se esfumara hasta de nuestra imaginación.


El tiempo invertido en los pequeños (y no el dinero) es el único que puede ayudarnos a pagar la transformación de los días que corren en días que sepan andar. 
Los niños no es que no escuchen es que no encuentran nadie que les hable...


ELOÍSA TROMPETA


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