Llegamos a un punto en nuestras vidas que creemos que atar el tiempo a la espalda de la rutina es lo más beneficioso que podemos hacer. Nos mecanizamos sin darnos cuenta de que lo bonito precisamente, está en lo que hacemos por voluntad propia y de forma consciente.
Este fin de semana en el refugio de La Bastida de Quatretonda (Valencia) nos fuimos 23 personas unidas por la montaña. Una vez que has compartido rutas de más de 6 horas, te has caído entre piedras, has llorado, has reído contando cosas que jamás imaginaste e incluso has sido capaz de compartir aperitivo con Vicent, sin darte cuenta, estás formando una familia montañera donde la complicidad se ajusta a la perfección.
Muchas personas podrían decir eso de...."yo no podría dormir con tanta gente"....Pues una de las cosas que más une es precisamente eso...
Saber que estás compartiendo habitación con más de 10 personas y posiblemente en la cabeza de todos se está proyectando el último atardecer vivido conjuntamente... Si eso no es saber disfrutar la vida quizá lo sea más colocar la corona a la pereza y hacerla reina un domingo.
23 personas que supimos convivir con nuestra filosofía de vida....un poco cada uno a nuestra bola pero siempre estando atento de los demás.
A mi personalmente me han dejado tiritando mis conocimientos culturales y mi punto de vista respecto a algún tema en concreto fue capaz de convertirse en unos puntos suspensivos donde me dejaron reflexionando de forma positiva.
La celebración del 50 cumpleaños de una de las personas más bondadosas que conozco, Miguel, consiguieron trasladar los abrazos brindados en una tarta de cariño para él. No come mucho pero se empachó quisiera o no quisiera de toda nuestra admiración como montañero y como persona.
Sin lugar a dudas uno de los momentos que han tocado esa cuerda del corazón invisible que activa la grabadora del saco de los recuerdos infinitos, fue ese café en mitad de un amago de carretera. Asientos invisibles de todos los gustos, hamacas en las cuales podías nivelar el grado de inclinación a tu propia voluntad, un café preparado con el aplauso de todos los sentidos y un paisaje al frente que no se ajusta con el brillo de una pantalla sino con el de tu propia mirada, hicieron que ese mirador desconocido sirviera de telón para un fin de semana maravilloso.
No sé si en este refugio o en cualquier sitio donde el dinero sólo sea utilizado con el depósito en baja reserva y para cosas necesarias, pero conseguiremos seguir creando curvas donde la vida sólo nos quiere colocar líneas rectas. ¡¡Ésta no sabe como somos los montañeros bohemios!!! ¡¡Gracias a todos por estar locos pero ser personas maravillosas!!
ELOÍSA TROMPETA
No hay comentarios:
Publicar un comentario